viernes, 29 de noviembre de 2013

San Luis: Poco a poco se van reconstruyendo las historias y apareciendo los responsables

San Luis (Perl) 28-11-13 Con la de este miércoles ya suman ocho audiencias de este segundo juicio en el que se investigan las responsabilidades que tuvieron militares, policías y civiles inculpados por delitos de lesa humanidad. El martes surgió un indicio que permitiría confirmar la participación de Carlos Pla en el secuestro de Pedro Ledesma. Allí se nombró un vehículo en el que se conducían los dos policías que vieron al entonces capitan llevar al joven secuestrado de las manos de su padre. En la víspera, durante el testimonio de Guillermina Dominga Ledesma, fue mencionado el mismo vehículo: Un Jeep de la policía. En él llegó la policía a hacer una diligencia. Ayer también hubo un testimonio de un ex policía que se retiró de la fuerza en 1992; aportó datos sobre la muerte de Vicente "Yango" Rodríguez. Por su parte, Anibal Franklin Oliveras dio testimonio de su cautiverio e hizo algunas precisiones más sobre lo que sucedía en los centros de detención y también del papel que jugaron algunas autoridades eclesiásticas. "A ustedes hay que extirparles el alma", les dijo el entonces obispo Juan Rodolfo Laise y el capellán Coscarelli les sacaba datos en la confesión y se los daba a los represores, entre otras cosas que se escucharon ayer.

Guillermina Dominga Ledesma, la hermana de Pedro, contó que el joven que continúa desaparecido desde setiembre de 1976, "era estudiante universitario y era maestro rural en una escuelita de campo en la localidad de El Recodo y en sus tiempos libres tenía una actividad extra que era teatro en la Dirección de Cultura de la provincia", y por lo genera actuaban en las plazas y en las calles, "era teatro para todos", aseguró.

Contó asimismo que Pedro Valentín, en esos años "tenía alguna militancia en la Universidad", donde era alumno en la carrera de pedagogía, "muy estudioso, le gustaba mucho la historia, la política, leía sobre esto".

Cuando le pidieron que relatara el momento de la detención, contó que fue un 20 de setiembre; "él se fue de casa estaba de noche 19:30 aproximadamente, con su novia caminando, y creo que a la hora y media, dos horas, a pocas cuadras de mi casa lo detienen en la calle San Juan". Iba acompañado de Juan Cruz Sarmiento y Raúl Cobos. Este último fue baleado en un operativo y "a Pedro se lo llevan".

"Un rato después de esto llega a casa el Ejercito, la policía, estábamos con mi madre, nos allanan la casa, nos asaltan, estaba la puerta abierta cuando entraron, dieron vuelta todo cuanto pudieron. Llegó mi padre cuando ya estaban allanando", recordó y dijo que en el procedimiento "había gente del Ejercito" y que "toda la manzana estaba rodeada" y que Segundo Ledesma "pide que lo dejen pasar, se identifica".

"Eso fue el 20 de setiembre. Pedro llevaba una chomba azul, un sueter azul en la espalda, un par de alpargatas nuevas que le había comprado yo un rato antes a pedido de él. Lo vi cuando se iba con la novia, Catalina Garraza, y me dijo ya vuelvo", rememoró. "Cuando llega mi padre le dicen que Pedro había sido detenido", recordó de aquel día en que la suerte de la familia Ledesma cambió para siempre.

En medio de su relato también hizo referencia a la búsqueda de su padre, que se dirigió con un amigo a la Comisaría Segunda, ubicada en Gobernador Alric y Sarmiento. Hasta allí concurrió con un amigo de apellido Rodríguez, pero los policías le dijeron al amigo que se fuera. Este se quedó en cercanías de la seccional "pero lo alcanza un jeep y le dice que se vaya".

En la antevíspera, otro policía de apellido Sosa, en su testimonio habló del Jeep en el que iba Luis Enriz en un momento posterior, cuando ya Pedro había sido liberado y caminaba con su padre hacia su casa cuando un 'grupo de tareas' los interceptó y se llevó al muchacho luego de golpearlos a ambos. Desde ese Jeep es donde el efectivo de guardia habría visto a Carlos Pla y Víctor Becerra en actitud sospechosa, ya que se le acercaron a un Torino en el que iban ambos represores, los que, tras decirles que se retiraran, luego entraron a una dependencia del Ejército.

Guillermina contó que "cuando a Rodríguez lo echa el jeep llega a mi casa y nos dice “No sé qué pasa se han complicado las cosas, me dijeron que tu papá se iba a demorar mucho”. Mi madre estaba fuera de sí. No sé si pasó hora y media y llegó mi papá muy asustado, le pregunté si le habían pegado o algo pero el negó todo. Estaba muy asustado, cerrando puertas, ventanas, esa noche no dijo nada, pasamos la noche sin dormir como hacían ya dos noches".

"Al otro día en presencia de un médico que controlara la salud de mi madre nos contó lo que había pasado con Pedro desde que Pla le dio la libertad en la Comisaría Segunda hasta que cuando venían caminando se dieron cuenta que un Falcon bordó los venían siguiendo pero Pedro dijo que no pasaba nada y se fueran a la casa rápido".

"Bajan del auto, lo golpearon a mi papá con un arma en la cabeza y cuando estaba tirado en el suelo pudo ver a Pla, su pierna, porque había estado con él minutos antes porque pla se lo entregó a mi hermano y pudo identificar a Becerra, aunque éste estaba encapuchado".

Esto ya era el 22 de setiembre del 76 y "hasta el día de hoy no sabemos qué hicieron con Pedro aunque sabemos que lo mataron porque es obvio", dijo recordando que su hermano "era alegre, tranquilo, nunca manejó un arma en su mano ni siquiera en el Ejército porque había pedido prórroga para el servicio militar".

"Pedro era colaborador con nuestros vecinos, con los niños, tenía esa actividad social de ayudar a todos los que nos necesitaban; juntaba útiles libros para sus alumnos de El Recodo", señaló y de su familia indicó que "éramos humildes pero felices y se nos terminó todo. Tuve que dejar la escuela para poder sacar a mi madre de la cama, nos costó mucho, y para que lo entendiera pasaron más de diez años", dijo entre otras cosas.

Jorge Oliveros

Jorge Oliveros era policía en el año 1976 y continuó en la fuerza hasta 1992 en que renunció. Él habló sobre otro caso que se investiga en este denominado Megajuicio. Recordó que otro efectivo de apellido Carrizo le comentó que mientras había estado de guardia había fallecido Vicente "Yango" Rodríguez.

Si bien dijo que él desconocía que a los presos políticos se les practicara tormentos en la dependencia en la que trabajaba -Investigaciones- y que tampoco sabía como interrogaban en el D2. Pero cuando le preguntaron si alguien podía haberse negado a cumplir una orden del entonces subjefe de la policía, Carlos Pla, respondió tajante: "No sé como me hubiera ido de no cumplir una orden de Pla", ya que lo describió como una persona de modales violentos, que siempre andaba armado "con una Itaka y dos revólveres". "Tuve suerte", dijo al señalar que nunca había recibido una orden directa para aplicar malos tratos.

De Ortubia Salinas -también encausado- dijo que recordaba que era escribiente, "con mucha habilidad para preguntar y volcarlo en el escrito", porque tenía "muy buena redacción", cosa que lo destacaba del resto, ya que la mayoría, incluso él, habían entrado a la fuerza policial "con séptimo grado" de la escuela.

Si bien no aportó mayores datos, en su testimonio hizo referencia a la muerte de Yango Rodríguez, quien murió en un calabozo, de muerte natural según la versión oficial de aquellos años, pero que había sido torturado terriblemente luego de su cautiverio.

Anibal Oliveras

El relato del profesor Anibal Franklin Oliveras tuvo muchas similitudes con el que había brindado en el primer juicio que se desarrolló en San Luis, aunque se detuvo en algunas particularidades.

Esta vez habló de la fisura en el esternon que todavía llevaba de recuerdo de un golpe que le dio en el pecho Carlos Pla, de otro problema que tuvo en la espalda por los golpes sufridos en la tortura y de una secuela por una otitis mal curada, que se le produjo a raíz de haber sido sumergido en 'el submarino', al que fue sometido en un centro clandestino.

Sobre ese centro clandestino, que recien pudo identificar años más tarde, dijo que se encontraba en la calle Chile y que lo descubrió producto de la casualidad, ya que cuando entró a trabajar en la Universidad Nacional de San Luis, la institución alquiló una casona a la vuelta del edificio donde actualmente se ubica el Rectorado y que allí reconoció a ese inmueble como el lugar donde había sufrido torturas en más de una oportunidad.

Oliveras aportó el nombre de cada uno de los compañeros de cautiverio que compartieron con él las celdas de la Penitenciaría y echó luz sobre algunos detenidos sobre los que habría pocas pistas o testimonios que hablen de ellos.

Estaba allí cuando el cura Coscarelli, Capellán del Ejército, descubrieron que les sacaba información durante el sacramento de la confesión y se las daba a los represores. "Cuando nos dimos cuenta, lo hablamos y le dijimos que no volviera más, porque lo íbamos a matar" y el cura no regresó, dijo.

También habló del accionar "patético" de Juan Rodolfo Laise, en una misa que se celebró el 22 de noviembre de 1976, en donde "no dijo que a nosotros tenían que extirparnos el alma", que en palabras de San Agustín se traducirían como "destrozar el cuerpo para salvar el alma".

También Oliveras reiteró lo que había dicho en el juicio anterior, con relación al entonces Secretario Federal Carlos Martín Pereyra González y al Juez Federal Eduardo Allende, que estaban "pared de por medio" de donde se torturaba en la Jefatura de Policía, y que no pudieron no escuchar los tormentos a los que eran sometidos los detenidos que eran llevados a esa oficina.
Informe: Gustavo Senn

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